Cualquier alumno de secundaria en mi colegio ha sufrido alguna vez el peso de las míticas láminas de plástica. Puede ser de lo más divertido del curso, pero pronto llega a ser una pesadilla.
El objetivo final de cualquier lámina (siempre que no sea de dibujo técnico) es que te la cuelguen en el corcho del aula de plástica. Yo lo he vivido bastante veces (modestia 0%) y te da una cosa que es difícil explicar. Pero, por desgracia, la mayoría de ellas son devueltas a su autor con un mínimo “visto” en la parte de atrás.
Luego está el tema de las fechas de entrega, decir que muchos alumnos de mi clase aun tienen que entregar varias de las primeras, pero bueno, yo en eso suelo cumplir los plazos.
Según su calidad, hay varios tipos de láminas:
La ñoña: suele estar pintada con tonos suaves y sin mucha virguería por ahí. El título lo dice todo.
El-que-no-se-entera: en este tipo de lámina suele haber cosas de todo tipo, partiendo de una composición con líneas y planos, te encuentras un papel con un montón de árboles y hachas pintadas con pinturas de palo. Es un caso real, lo hizo el que está a mi lado.
Infantil: a mi de pequeño siempre me han llamado la atención los distintos estilos que tenían mis compañeros a la hora de dibujar. Siempre había una que pintaba mejor que toda la clase junta (<<Que fulanita haga el carteeel, que pinta muy bieeeen.>>). Lo malo es que su estilo no ha cambiado en los últimos años, y se nota una lámina con formas un tanto infantiles…
Espectacular: estas son las mejores y, sin embargo, las menos reconocidas. He visto entre mis compañeros verdaderas obras de arte que, según la profesora no merecen ser colgadas. Una pena.
Las mierdas: creo que no hace falta descripción.
Las indefinidas: en este grupo se encuentran la mayoría de las mías, así como las inacabadas, etc.
Y para terminar este post, os regalo mi última creación, fresquita de esta misma tarde:
